jueves, 8 de abril de 2010

Lisboa





Lisboa pertenece al género de ciudades con encanto. Hay ciudades para el turista ocasional; hay otras para el viajero que quiere sumergirse y empaparse de una cultura diferente. Estas últimas son los lugares que jamás olvidas. Sus imágenes se quedan atrapadas allí donde la memoria las puede rescatar una y otra vez. Son ciudades a las que deseas volver e impregnarte de aquello que te transmitieron en el primer viaje.

Lisboa pertenece a estas últimas. Su color dorado, mezcla de oro y ocre, imprime el sabor de lo antiguo, no en vano fue cabeza de imperio colonial. Recuerda los versos de Pessoa, Saramago o Queiroz.
De la capital portuguesa emana el olor añejo en fachadas y calles, en tranvías y plazas. Ciudad albero, ciudad de los sentidos bañada por el Tajo. Lisboa embriaga.
Lisboa es uno de los grandes centros culturales europeos. Más antigua que Roma, epicentro de los descubrimientos y capital del imperio desde el siglo XV, la ciudad ha conservado relaciones culturales con las antiguas colonias portuguesas, siendo punto de encuentro de diversas culturas, el primer lugar en el que oriente, las Indias, África y América se encontraron.

El eje Alfama-Baixa/Chiado-Bairro alto es un palco para la cultura erudita y para la popular, joven y tradicional. En cualquier noche lisboeta, incluso entre semana, la oferta es variada. A una cena con fado en vivo le puede acompañar un espectáculo de ópera en el São Carlos, o un concierto de rock en el Coliseu dos Recreios.
La torre de Belém, es obra de Franciso de Arruda y constituye uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura manuelina. En el pasado sirvió como centro de recaudación de impuestos para poder entrar a la ciudad.
Su construcción fue iniciada en 1514, bajo el reinado de Manuel I de Portugal (1495-1521), teniendo como arquitecto a Francisco de Arruda. Sus obras quedaron a cargo de Diogo Boitaca, que, en la época, también dirigía las ya adelantadas obras del vecino Monasterio de los Jerónimos . Las obras finalizaron en 1520. Se encuentra situada en la desembocadura del río Tajo, en el barrio de Santa María de Belém de esta ciudad al suroeste de Lisboa.

El Monasterio de los Jerónimos, o Mosteiro dos Jerónimos en portugués, fue un encargo del Rey Manuel I para celebrar el Descubrimiento de la ruta marítima de Vasco de Gama ( y de hecho fue financiado con los tesoros traídos de las colonias ). La ideó como el lugar donde iba a ser sepultado él y sus descendientes. Se inicio la obra en 1502, sin que pudiera acabar su primer arquitecto, Diogo de Boitaca.

No pudo ser finalizada hasta finales del XVI. Hoy observamos que el ala occidental y la cúpula - campanario, que fueron terminados en el siglo XIX, no guardan armonía con el conjunto. El patio central del Claustro, la joya del edificio, ha descubierto sus tesoros con las recientes restauraciones y podemos ver la historia del José bíblico en azulejos y las tumbas de heroes nacionales como el navegador Vasco da Gama y el poeta Luís de Camões.
De forma cuadrangular y dispuesto en dos plantas, el claustro está completamente decorado con motivos manuelinos: esferas armilares, cuerdas marineras, cruces de la Orden de Cristo, imágenes religiosas. Desde 1985 se encuentra en el ala norte la tumba del famoso poeta Fernando Pessoa.
El monasterio se levantó en el barrio de Belem, lugar de donde partieron las primeras expediciones a las Indias.


No hay comentarios:

Publicar un comentario